La vida en Tánger

       Como ya comenté en otra entrada de este blog, mi familia y yo estuvimos viviendo una temporada por motivos de trabajo en Marruecos, concretamente en la ciudad de Tánger.  
       Allí la vida es diferente, o quizás la percepción de la misma. En la ciudad no os encontraréis con grandes centros comerciales donde pasar largas horas paseando y gastando dinero. En cambio, si que veréis pequeños establecimientos y tiendas donde la cercanía con el vendedor, casi siempre terminará en una pintoresca amistad que te hará volver más veces.
   
Pequeña tienda de especias

        

    Los mercados de la medina son bastante peculiares y seguramente os dará respeto comprar en algunos de sus puestos, que aunque los hay con muy buena presencia, en otros en cambio os podréis encontrar la carne, al igual que el pescado, amontonados directamente sobre la piedra del mostrador, lo que nos puede resultar un tanto insalubre. Lo cierto, es que yo no acabé de acostumbrarme y seguí comprando la carne en Marjane, que es un hipermercado situado a las afueras de la ciudad, que os recordará a los que hay en España. Aunque cuentan con ciertas particularidades que os llamarán la atención, como la zona de especias, la pasta a granel o los enorme sacos de harina…

     
Mercado del pescado
Zona de las especias (Marjane)

Pasta a granel (Marjane)

       En cuanto a la fruta y la verdura, he de decir que resultan buenísimas. A mi me encantaba acudir al mercado ambulante que se monta todos los domingos cerca de la plaza 9 de abril. Allí encontraréis todo lo que necesitéis recién traído de sus huertos. Eso sí, no esperéis verlo todo arreglado en cajas, pues el género al igual que sus vendedores descansan en el suelo encima de unas mantas. Ah! y sobretodo estar preparados para que os cobren algo más que al resto por ser extranjeros, pero aún así, os aseguro que saldréis contentos y con la sensación de comprar baratísimo.

        
      Las gentes del lugar gastan muchas de sus horas en la calle, ya sean los jóvenes tirados en el césped charlando o las madres con sus hijos pequeños inundando los parques. Que a diferencia de lo que piensa mucha gente, allí hay parques infantiles, y muchos. Es cierto, que no todos cuentan con el mismo cuidado y mantenimiento que los que tenemos en España, pero a ellos igual les sirve para divertirse.
Plaza 9 de abril comenzado a llenarse de gente

   
      También os encontraréis sus cafés llenos de hombres tomando té en las terrazas, sentados formando una fila que parece casi ordenada por ley, pues en todos los lugares los veréis igual. Sentados unos al lado de otros, sin apenas espacio entre ellos y siempre de cara a la calle, observando sin prisa como pasa la vida. No sé por qué, pero siempre me evocaban cierta similitud a los bohemios de París, quizás sea por ese aire despreocupado que muestran.
       El modo en que valoran el tiempo difiere bastante del nuestro. Mientras nosotros vivimos bajo el lema «No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy» ellos lo hacen justo al contrario, ¿Para qué hacer hoy lo que se puede hacer mañana?
       Los niños, no se encierran en sus casas inmersos en el virtual mundo de los videojuegos, sino que salen a disfrutar de la vida real. Cuando salen del colegio no es raro encontrarlos correteando por las calles de la medina o jugando en parques y descampados. Los más temerarios incluso se atreven a basar sus juegos de diversión en engancharse a las puertas traseras de los camiones y dejarse llevar por éstos sin ser descubiertos.
Niño subiendo la cuesta remolcado por un coche

       Pero como en todas las partes del mundo, aquí también hay ricos y pobres. Y quizás os resulte llamativo la cantidad de coches todoterreno y familiares de alta gama que hay circulando por las calles. Algo que contrasta con la gente que os pedirá limosna o querrá venderos cajas de pañuelos cada vez que os paréis en los semáforos. 

        Los autobuses abarrotados y circulando con las puertas abiertas, los taxis de cinco plazas con 6 o 7 personas dentro, jóvenes con bicicleta o monopatín siendo remolcados por coches al más puro estilo Marthy McFly… Muchas serán las cosas que os llamen la atención. Pero si podéis ver más allá de la simples apariencias, seguro que descubrís un lugar con un especial encanto que os fascinará.

«El único verdadero viaje de descubrimiento consiste no en buscar nuevos paisajes , sino en mirar con nuevos ojos»
Marcel Proust

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