Sensaciones de Berlín

      He de confesaros que éste es uno de los viajes que me traen a la memoria recuerdos muy especiales… Era la primera vez que volábamos los 3 juntos a una capital europea y supuso el inicio de nuestra etapa de trotamundos en familia. Aunque a Naiara con apenas año y medio no le gustó nada su  primera experiencia en el avión, una vez en Berlín, disfrutó y aguantó nuestros kilométricos paseos durante 8 días, como una auténtica viajera!
      Berlín es una ciudad donde las huellas del pasado han dejado una marca latente en sus edificios, sus monumentos y sus gentes, pero a la vez, ha sabido avanzar de manera veloz y resurgir cuál Ave Fénix, de sus cenizas. Prueba de ello, son los enormes contrastes que nos muestra su arquitectura, donde se entremezclan antiguas construcciones con toques urbanos llenos de modernismo, como podemos observar en el Reichstag o Parlamento. Pues su vieja bóveda destruida durante los periodos de guerra, fue sustituida por una moderna cúpula de cristal que hace las veces de mirador. 
Reichstag

Interior de la cúpula

       
       O en la Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche, situada en la Breitscheidplatz (no muy lejos del zoo), donde los restos de la vieja torre de un templo del XIX destruidos por los bombardeos, se juntan con la moderna iglesia octogonal levantada justo al lado. Sin duda alguna, resulta una imagen impactante que nos dejó asombrados…

       Pero, para una mejor aproximación a esta ciudad que nos sirviera para descubrir estas confrontaciones entre lo nuevo y lo viejo, su historia y la cultura de su pueblo…, decidimos realizar un tour programado a nuestra llegada. Nosotros solemos realizarlas con la empresa Civitatis, con la cuál nunca hemos tenido ningún problema y además, sus precios son bastante asequibles. Aunque también he oído hablar muy bien de los Free Tours (o tours gratuitos) que realiza Sandeman’s, que a pesar de no haber ido nunca con ellos, mucha gente los recomienda. Podéis echarle un ojo a lo que ofrecen de forma totalmente gratuita! 
       Volviendo al viaje, ya una vez hecha nuestra primera toma de contacto con la capital germana, durante los siguientes días nos dedicamos sencillamente a disfrutarla. Recorrimos sus calles y avenidas subidos en bus, nos movimos por el subsuelo mediante metro, pero sobre todo, nos dedicamos a andar, andar y andar…

    Mientras paseábamos por el barrio judío, no podía más que estremecerme al recordar acontecimientos como la «Noche de los cristales rotos» en la que los judíos fueron expropiados de sus casas, despojados de sus pertenencias y más tarde llevados a campos de concentración (los que sobrevivieron a aquella noche). Resulta realmente sobrecogedor pensar en ello en el mismo lugar que sucedió todo…

       En cuanto a nuestro encuentro con el muro de Berlín, es increíble imaginar cómo en un mismo lugar, un pueblo quedó separado prácticamente de un día para otro por un muro de hormigón. Familiares, amigos y conocidos alejados unos de otros en una misma urbe. Asombra pensar en una ciudad dividida en un pasado no tan lejano y ver el rápido desarrollo que se ha llevado a cabo desde entonces.

       Pero estos cambios agigantados por convertirse en una de las capitales más importantes de Europa y el hecho de que restos de la historia estén presentes por toda la ciudad, dice mucho de la cultura de su gente. Pues, a pesar de no sentirse orgullosos con parte de su pasado, son capaces de volver la vista atrás, aprender de los errores cometidos y crecer en el futuro.

      
         En la inscripción de arriba grabada en el muro, podemos leer «El pasado, incluso con sus partes más mugrientas, logran dar luz con los años. Y el futuro es nuestro para elaborarlo con cada nueva página»

       Aunque no sólo el pasado cobra protagonismo en Berlín, sino que su presente (un presente muy vivo!) te hace disfrutar de todo lo bueno que esta capital tiene… El animado ambiente de Alexanderplatz, donde no es difícil encontrarse con diferentes tribus urbanas de jóvenes reunidos en la plaza o donde poder comerte una currywurst de las que te ofrecen los vendedores ambulantes; la tranquilidad que te aporta pasear a través de caminos de tierra rodeados de altos árboles o simplemente relajarse navegando por los lagos del Tiergarten subidos en una barquita a remo; disfrutar cenando en un restaurante bajo la iluminada cúpula de cristal del Sony Center en Potsdamer Platz; ir de compras por la larga avenida de tiendas Kurfürstendamm (la Quinta avenida berlinesa) o deleitarnos con la exclusividad de los mayores grandes almacenes de Europa conocidos como «KaDeWe»

       Muchas son las maravillas que esta ciudad aguarda, pero qué mejor que os animéis a descubrirlas por vosotros mismos y os envolváis con las sensaciones que os transmite. Ahh… y no  olvidéis contárnoslo!

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