Descubriendo Edimburgo

       Edimburgo es una ciudad que te atrapa desde el mismo momento en que la pisas, de hecho no conozco a nadie que la haya visitado y que no haya vuelto encantado. Bueno sí, quizás el tiempo no agrade a todo el mundo, pero desde luego el conjunto que forma su arquitectura, su gente, su historia,  tradiciones, y el sonido de la música celta que nos regalan sus características gaitas, es algo que posee una magia única que no deja impasible a nadie. 
       Durante nuestra estancia en Escocia, a pesar de pasar 5 noches en Edimburgo, realmente nos dedicamos a ella durante 3 días enteros, ya que los otros los destinamos a conocer lugares cercanos, como Stirling o New Lanark. Pero supimos aprovecharlos al máximo, pues incluso los días que pasábamos fuera, las noches ya de vuelta en la ciudad eran ideales para pasear en busca de nuevos rincones que no habíamos descubierto aún. Así que no nos perdimos nada de lo que teníamos previsto ni «imprevisto»





       Nuestra primera mañana en la ciudad ya empezó con un gran momento que nos hará recordar siempre nuestro viaje… una multa! Sí, sí, una multa por estacionamiento que nos costó 30 libras ¡y eso que pagamos pronto, porque sino eran 60! Resulta que nuestro hotel situado en Princes Street no tenía parking, y fuera habían unas zonas señalizadas en la que podías estacionar el coche de manera gratuita (una especie de zona azul) hasta las 8:30 de la mañana. Como llegamos cansados, el chico de recepción nos dijo que podíamos dejarlo allí toda la noche pero ya nos advirtió de que fuéramos puntuales en retirarlo por la mañana, así que ya podéis imaginar que paso… llegamos 15 minutos tarde! 
       Ya felices y contentos con nuestro «souvenir», y con 30 libras menos en el bolsillo…nos dirigimos a conocer la ciudad. Lo bueno de estar alojado en Princes Street, es que todos los lugares imprescindibles de la ciudad se encuentran cerca, de hecho, esta larga avenida repleta de tiendas y comercios marca el límite entre la «Old Town» (ciudad vieja) y la  «New Town» (ciudad nueva).
         Cerca de nuestro hotel, al final de la avenida se encontraba Calton Hill, también conocido como «la Atenas del norte»  y seguro que al ver las fotos entenderéis el porqué de dicho nombre…

          Justo enfrente, se encuentra el Old Calton Cementery, un lugar en el que se hallan algunas celebridades escocesas como el filósofo David Hume, enterradas allí.

       Pero con lo que yo me quedo de esta avenida, es con los magníficos jardines que allí se encuentran…Princes Street Gardens. Es uno de los mejores lugares de la ciudad para relajarse y desde donde obtendréis unas preciosas vistas del castillo de Edimburgo.

       



























            

        Una de las cosas que me llamó la atención fueron los bancos que llenaban los jardines, pues cada uno de ellos tenía una placa dirigida a la memoria de seres queridos que ya no estaban.

      Aunque la zona más famosa de la ciudad, es su conocida Royal Mile, una larga calle que posee un encanto único que se acentúa más aún gracias a la belleza de sus edificios y sus estrechos «closes» (callejones). Como consejo os diré que seáis curiosos y entréis a investigarlos, pues algunos albergan pequeños patios que son una auténtica maravilla.





   

     Pero el callejón más visitado y por qué no decirlo, también más fantasmagórico, es el que alberga «Mary King’s close». Adentrarse en él, significa conocer todo lo que esconde el subsuelo de la ciudad, donde aún se conservan las callejuelas, casas y comercios que existieron en la edad Media, además de algún que otro fantasma según cuentan… Quizás si vais con niños pequeños, este lugar les de un poco de miedo y aunque Naiara hubo algún rato (sobre todo cuando nos contaban las historias de fantasmas) que se agarraba fuerte a nuestra mano, al salir le encantó haber paseado por esas callecitas con ropa tendida y casitas antiguas.

       A lo largo de la Royal Mile podréis encontrar muchos lugares que visitar, como la catedral de St. Giles o pubs donde tomaros unas buenas pintas para descansar…pero si estáis estudiando, no os olvidéis de frotarle el pie a Hume, ¡pues dicen que trae suerte para aprobar los exámenes!

       Si viajáis con niños no os perdáis la cámara oscura dónde no dejaréis de maravillaros con los juegos de luz, imagen y hologramas que os aguardan dentro. Otra gran opción es el Museum of Childhood, en el cual se muestran juguetes de la infancia de diferentes épocas y dónde Naiara descubrió como se divertían los niños cuando no existían ni las tablets, ni las consolas e incluso ni los televisores. Y lo mejor de todo… ¡la entrada es gratuita!

       
       Aunque las atracciones estrella de la Royal Mile son el Castillo de Edimburgo y el Palacio de Holyroodhouse, cada uno situado a un extremo de la calle. Este último todavía conserva las ruinas del antiguo monasterio y unos jardines preciosos.

       No muy lejos del Palacio, se localiza una colina denominada Arthur’s seat, desde donde obtuvimos unas buenas vistas de la ciudad, a pesar de que no pudimos alcanzar la cima debido a la lluvia y bueno, quizás también al cansancio acumulado. Pero lo cierto es que la ascensión a la cima es bastante suave y fácil. 

       No obstante, la ciudad es mucho más que Royal Mile y Princess Street, así que recorrerla y descubrirla… pasear por Grassmarket,  conocer las encantadoras calles de la «Old Town» y parar a descansar con un buen café calentito en vuestras manos, pero eso sí, ¡¡nunca olvidéis retirar el coche antes de las 8:30!!


       

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